Un día de lluvia
Dra. Iraida Amaro

Por: Iraida Amaro PhD

 

Hoy amaneció oscuro, lluvioso, con un paisaje plasmado en tristeza. Un día lluvioso puede representar para algunos; día de tranquilidad, día de reflexión, día de nostalgia, pero también un día para intimidar con Dios. Y siendo que un día de lluvia nos influye en la sensibilidad, nos podemos identificar con algunas de las enseñanzas que nos dejó el maestro por excelencia, Jesús de Nazaret. Las escrituras nos hablan de la importancia  de la lluvia del cielo, la cual nos da las mejores cosechas de la tierra, la lluvia que cae a su tiempo y la tierra y los árboles del campo darán su fruto. Pero también dice que a los que tienen necio orgullo, le hará que el cielo le niegue su lluvia.

Nuestra vida necesita producir fruto. Una semilla para poder germinar necesita agua, necesita entrar en contacto con el roció del cielo, con las lluvias de Dios. La lluvia en la biblia está relacionada con la bendición de Dios. Que no me falte la lluvia nunca! Tenemos unas señales cuando nos falta la lluvia, por ejemplo, cuando oramos y aun así nos sentimos vacíos, cuando nos sentimos derrotados constantemente por el desánimo; cuando nuestras relaciones interpersonales están llenas de conflicto por nuestro mal carácter. Ahí nos falta el roció del cielo.

Necesitamos algunas cosas importantes que hacen llover sobre nuestras vidas. Vamos a mencionar algunas de ellas y espero las atesoremos en nuestros corazones.

  1. Nuestro arrepentimiento sincero: podemos tener hermosas promesas de Dios para nuestras vidas, pero si no nos ponemos en condición de recibirlas, mediante el arrepentimiento, la culpa no es de Dios. Necesitamos que venga sobre nosotros su lluvia.
  2. Buscar a Dios hace llover: ¿Cuánto tiempo buscas a Dios en oración? ¿Cuáles son tus motivaciones cuando lo buscas? ¿Lo haces para adorarlo o para sacar algún provecho de Él? Ojala la motivación sea porque lo amas.
  3. Amar a Dios y servirle hace llover: busca enamorarte cada día más de Jesús. Ese es el deseo de Dios.
  4. La adoración a Dios hace llover: En la adoración sincera comienzas a conocerlo de cerca con la pasión que Él se merece. “Sin adoración, no hay lluvia”
  5. Pedir a Dios, hace llover: aun en las peores circunstancias, a riesgo de perder la cosecha por la sequía, hombres que le han creído a Dios han orado pidiéndole intensamente que lloviera sobre su siembra. Dios ha respondido. Ha traído nube cargada de agua, que se posa únicamente sobre la siembra. En Australia, donde se suscitó un fuego devastador que era imposible detener, hubo un gran clamor por lluvia del cielo. Los resultados fueron inmediato. Dios escuchó el clamor para la lluvia. Pero también podemos pedir de esa lluvia espiritual en nuestras vidas. El escucha, Dios nunca llega tarde.

 

Hoy es un día de lluvia para nuestras vidas. Oremos pidiendo a Dios que prepare nuestro corazón para que pueda llover sobre nuestra vida, y clamemos por una gran lluvia de modo que nos alcance a nosotros y a todos aquellos que deseamos  que conozcan a Jesucristo. Oremos por nuestros trabajos, por nuestros hijos y familia,  por nuestra propia madurez espiritual, para que abandonemos todo compromiso con el mundo y sigamos fielmente al Señor, de modo que nuestra vida sea fresca y rociada por la lluvia del cielo

fotografía por: Keefy Tay en Pixels